Ojos de leche
La mano de su madre la llevaría a un lugar lejos
del violador smog. Aún no había botado el primer ojo que pondría debajo de sus
sueños. Su futuro se asomaba detrás de los barrotes, donde habían encarcelado
el Edén. Descubrió casas nuevas, flores bellas y a su abuela sin arrugas. Bailó
con las mariposas y cantó con las sonrisas de las ligustrinas. Parece que los
niños ven el paraíso con los ojos que nosotros ya cambiamos. Pero ya volveremos
a mirarlo, cuando por fin salte la reja en la que algún día lo encerramos.
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