
No hay nada mejor que esconderse del sol,
huir de los ruidos de las grandes avenidas,
cubrir con un mantel la luna y las estrellas.
Haré de este árbol mi casa y mi escuela
porque quiero ir de rama en rama,
estaré mas cerca de mi tierra.
(La lluvia no es lágrima celestial...
es renovación para el alma...)
Desde hoy viviré más cerca del mar,
veré las naves y sus sueños,
los pueblos lejanos y
algunos nombres que mi tiempo ha olvidado.
Escribiré cada historia, cada verruga de tu nariz,
cada grito de tus ojos.
Luego cuando todos se hayan ido
y ya no recuerden los pañuelos rojos
que quedaron bajo los escombros...
iré a buscar las notas de tu corazón.
Espero que no se haya hecho tarde,
que tampoco yo haya dejado pasar el último vagón
del breve viaje de ellos...
Hay planetas que de una sola luna
y soles que están a punto de estallar,
si la luna ya no da su luz y
sus soles ya han dejado de quemar
¿cómo recuperaré mi ruta?
Olvidemos los golpes que nos dimos,
necesito esas mismas manos, esas mismas uñas,
las que enterrabas en mis espalda
cuando no parabas de llorar.
Con ellas construiré las casas donde viviremos.
Dame tus pupilas bien abiertas,
porque desde hoy veremos los nuevos sueños,
veremos ese mar y también veremos el cerro.
Desde hoy...
escribiremos la distancia que nos falta
para llegar a ellos,
para tocar el cielo.
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